La mutabilidad del Ser

Soy de esos locos que no relaciona una idea a una persona. Siempre he sido fiel seguidor de la teoría de un Ser en constante movimiento y jamás creeré que una persona es una persona, pues la gente cambia y su esencia muta. Cada noche los cuerpos cambian de ser, para bien o para mal, y por eso la realidad engaña a quienes no se mueven.
Al relacionar el concepto de una persona con ella misma, nos adaptamos a ciertas características basilares que ellos inspiran en nosotros. Pero no, así no funciona. La gente muere cada noche y revive al amanecer. Son personas diferentes, capaces de hacer cosas que el ser del día anterior juraría evitar en toda su existencia.
Todos mis amigos mueren al dormir, y algunos despiertan dispuestos a recibirme. Pero otros no. 
Y, de la misma manera, ese compañero sentimental que encontraste, puede despertar y convertirse en alguien diferente. Alguien dispuesto a hacer cosas que previamente repudiaría. Esa persona murió y tú, ese día, estuviste junto a un monstruo que no elegiste.
Benditos quienes escapen, pues la mutabilidad del Ser engaña al que no cambia, y lo destruye hasta morir. 
Revive diferente, cambia, entiende que la muerte es algo cotidiano y el renacer no implica que esa persona que murió y conociste sea la misma que hoy nace. Puede que una mañana, sin que lo esperes, te encuentres frente a tu mayor enemigo. 
Cambia. 

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